jueves, 16 de septiembre de 2021

"CASA DE MUÑECAS" HERICK IBSEN


 

 ESCENA XI,XII, XIII, XIV Y XV. ACTO I

 "CASA DE MUÑECAS"

 

 

17/09/21

ACTIVIDADES

Lectura de las escenas  indicados 

Discusión y comentarios del Acto 1

Realizan un comentario escrito de al menos 4 párrafos. El comentario debe contener:

 1.- Resumen breve del acto 1

2.- Comentario basado en los conceptos de comunicación y representación


 ESCENA XI. 

Nora - Krogstad

 

NORA (Inquieta y agitada): ¿Usted quiere hablarme?
 
KROGSTAD: Sí, lo deseo.
 
NORA: ¿Hoy?... No estamos todavía a primeros de mes.
 
KROGSTAD: No, estamos en vísperas de Navidad, y de usted depende que estas Navidades le traigan alegrías o penas.
 
NORA: ¿Qué desea? Hoy me es realmente imposible...
 
KROGSTAD: Por ahora no hablaremos de eso. Se trata de una cosa distinta. ¿Puede usted concederme un instante?
 
NORA: Sí... sí... aunque...
 
KROGSTAD: Bien. Cuando estaba yo sentado en el restaurante Olsen, vi pasar a su marido...
 
NORA: ¡Ah!
 
KROGSTAD: Con una señora.
 
NORA: Bueno. ¿Y...?
 
KROGSTAD: ¿Puedo preguntarle algo? Esta señora era la viuda de Linde, ¿no es cierto?
 
NORA: Sí.
 
KROGSTAD: ¿Acaba de llegar de fuera?
 
NORA: Hoy ha llegado.
 
KROGSTAD: ¿Es amiga suya?
 
NORA: Sí... pero no comprendo...
 
KROGSTAD: Yo también la traté en otra época.
 
NORA: Lo sé.
 
KROGSTAD: Está usted enterada. Lo suponía. ¿Entonces me permitirá que le pregunte si la señora de Linde espera obtener un puesto en el Banco?
 
NORA: ¿Cómo se atreve a preguntarme eso, señor Krogstad? ¿Usted, que es un subordinado de mi marido? Pero, ya que me lo pregunta, se lo diré. Sí, la señora de Linde tendrá un empleo en el Banco, y lo tendrá gracias a mí, señor Krogstad. Ahora ya lo sabe usted.
 
KROGSTAD: Acerté, pues.
 
NORA (Paseando): ¡Eh! Una tiene alguna influencia y el ser mujer no quiere decir que... Cuando se ocupa una situación subalterna, señor Krogstad, habría que cuidarse para no herir a una persona que... ¡ejem!...
 
KROGSTAD: ¿Que tiene influencia?
 
NORA: Sí, señor.
 
KROGSTAD (Cambiando de tono): Señora, ¿tendría usted la bondad de usar su influencia en mi favor?
 
NORA: ¿Cómo? ¿Qué quiere decir?
 
KROGSTAD: ¿Querría tener la bondad de influir para que se me conserve mi modesto puesto en el Banco?
 
NORA: ¿Qué quiere usted decir? ¿Quién piensa en quitarle el empleo?
 
KROGSTAD: ¡Oh! Es inútil el disimulo. Comprendo muy bien que a su amiga no le agrade encontrarse conmigo, y ahora sé a quién debo mi cesantía...
 
NORA: Le aseguro a usted...
 
KROGSTAD: En fin, dos palabras: todavía es tiempo, y le aconsejo que use de su influencia para impedirlo.
 
NORA: Yo no tengo ninguna influencia, señor Krogstad.
 
KROGSTAD: ¿Cómo? Hace un momento decía lo contrario...
 
NORA: ¿Cómo puede usted creer que yo tenga semejante poder sobre mi marido?
 
KROGSTAD: ¡Oh! Conozco a su marido desde que estudiamos juntos, y no creo que el señor director del Banco sea más enérgico que otros hombres casados.
 
NORA: Si habla usted despreciativamente de mi marido, lo pongo en la puerta.
 
KROGSTAD: Es valiente usted.
Casa de muñecas  henrik ibsen
 
NORA: No le temo. Después de Año Nuevo me veré libre de usted.
 
KROGSTAD (Dominándose): Oiga bien, señora. Si es necesario, lucharé para conservar mi humilde empleo como si se tratase de una cuestión de vida o muerte.
 
NORA: Y lo es, evidentemente.
 
KROGSTAD: No es sólo por el sueldo; lo importante es otra cosa... que, en fin, voy a decirlo todo. Usted sabe, naturalmente, como todo el mundo, que yo cometí una imprudencia hace ya un buen número de años.
 
NORA: Creo haber oído hablar del asunto.
 
KROGSTAD: La cuestión no pasó a los tribunales; pero me cerró todos los caminos. Entonces emprendí la clase de negocios que usted sabe, porque era forzoso buscar alguna otra cosa, y me atrevo a decir que no he sido peor que otros. Ahora quiero abandonar estos negocios, porque mis hijos crecen y necesito recobrar la mayor consideración que pueda. El empleo del Banco era para mí el primer escalón, y ahora me encuentro con que su esposo pretende hacerme bajar de él para sepultarme nuevamente en el lodo.
 
NORA: Pero, por Dios, señor Krogstad, no puedo ayudarlo.
 
KROGSTAD: Lo que le falta es voluntad; pero tengo medios para obligarla.
 
NORA: ¿Va usted a decirle a mi marido que le debo dinero?
 
KROGSTAD: ¡Caramba! ¿Y si lo hiciera?
 
NORA: Sería una infamia. (Con voz llorosa). Ese secreto que es mi alegría y mi orgullo... Saberlo él de una manera tan villana... por usted. Me expondría a los mayores disgustos...
 
KROGSTAD: ¿Disgustos nada más?
 
NORA (Con viveza): O, si no, hágalo usted; usted perderá más, porque así sabrá mi marido qué clase de hombre es usted, y seguramente le dejará cesante.
 
KROGSTAD: Acabo de preguntar si no son más que disgustos domésticos los que usted teme.
Casa de muñecas  henrik ibsen
 
NORA: Si mi marido lo sabe, pagar, naturalmente, enseguida, y nos veremos libres de usted.
 
KROGSTAD (Dando un paso hacia ella): Oiga, señora... O usted no tiene memoria o apenas conoce los negocios, y es necesario que la ponga al corriente.
 
NORA: ¿De qué?
 
KROGSTAD: Cuando su esposo se encontraba enfermo, me pidió usted un préstamo de mil doscientos escudos.
 
NORA: No conocía a nadie más.
 
KROGSTAD: Yo le prometí proporcionarle el dinero.
 
NORA: Y me lo proporcionó.
 
KROGSTAD: Prometí proporcionárselo con ciertas condiciones; pero entonces estaba usted tan preocupada con la enfermedad de su esposo, y tan impaciente por tener el dinero para el viaje, que creo no se fijó mucho en los pormenores, y no debe extrañarle que se los recuerde. Pues bien, yo prometí proporcionarle el dinero mediante un recibo que escribí.
 
NORA: Sí, y que firmé.
 
KROGSTAD: Bien; pero más abajo añadí algunas líneas, según las cuales su padre garantizaba el pago. Esas líneas debía firmarlas él.
 
NORA: ¿Debía, dice? Lo hizo.
 
KROGSTAD: Yo dejé la fecha en blanco, lo cual significaba que su padre debía poner la fecha de la firma. ¿Se acuerda de eso?
 
NORA: Sí, creo, efectivamente...
 
KROGSTAD: Después entregué a usted el recibo para que lo enviara a su padre por correo. ¿No fue así?
 
NORA: Así fue.
 
Casa de muñecas  henrik ibsen
KROGSTAD: Como es de suponer, lo hizo usted enseguida, porque a los cinco o seis días me devolvió el pagaré con la firma de su padre, y entonces recibió usted el préstamo.
 
NORA: ¡Bueno, sí! ¿No he ido pagando puntualmente?
 
KROGSTAD: Con poca diferencia. Pero volviendo a lo que decíamos... aquéllos eran seguramente malos tiempos para usted, señora.
 
NORA: Sí, es verdad.
 
KROGSTAD: Creo que su padre estaba muy enfermo.
 
NORA: Moribundo.
 
KROGSTAD: ¿Murió poco después?
 
NORA: Si, señor.
 
KROGSTAD: Dígame, señora, ¿se acuerda usted por casualidad de la fecha de muerte de su padre?
 
NORA: Papá murió el 29 de septiembre.
 
KROGSTAD: Cierto. Me preocupé de averiguarlo. Y por eso no me explico (saca un papel del bolsillo)... cierta particularidad.
 
NORA: ¿Qué particularidad?
 
KROGSTAD: Lo que hay de particular, señora, es que su padre firmó el recibo tres días después de morir. (Nora guarda silencio). ¿Puede usted explicarme esto? (Nora sigue callando). Es también evidente que las palabras dos de octubre y el año no son de letra de su padre, sino de una letra que creo conocer. En fin, eso puede explicarse. Su padre se olvidaría de fechar y lo haría cualquiera antes de saber su muerte. La cosa no es muy grave, porque lo esencial es la firma. ¿Es auténtica realmente, verdad, señora? ¿Su padre fue el que escribió allí su propio nombre?
 
NORA (Después de un corto silencio levanta la cabeza y lo mira provocativamente): No, no fue él. Fui yo la que escribí el nombre de papá.
  
KROGSTAD: ¿Usted comprende bien toda la gravedad de esa confesión?
 
NORA: ¿Por qué? Dentro de poco tendrá usted su dinero.
 
KROGSTAD: Permítame una pregunta. ¿Por qué no envió usted el recibo a su padre?
 
NORA: Era imposible: ¡estaba tan enfermo! Para pedirle la firma hubiera tenido que declararle el destino del dinero, y en la situación en que se encontraba no podía decirle que estaba amenazada la vida de mi esposo. ¡Era imposible!
 
KROGSTAD: En ese caso hubiera sido preferible desistir del viaje.
 
NORA: ¡Imposible! El viaje era la salvación de mi marido, y no podía renunciar a él.
 
KROGSTAD: Pero ¿usted no comprende el fraude que cometió conmigo?
 
NORA: No podía yo detenerme a reflexionar. ¡Bastante me cuidaba yo de usted, que me era insoportable por la frialdad con que razonaba a pesar de saber que mi marido estaba en peligro!
 
KROGSTAD: Señora, evidentemente usted no tiene una idea muy clara de la responsabilidad en que ha incurrido. Para que lo comprenda, sólo le diré que el hecho que ha acarreado la pérdida de mi posición social no era más criminal que ése.
 
NORA: ¿Usted quiere hacerme creer que ha sido capaz de hacer algo para salvar la vida de su esposa?
 
KROGSTAD: Las leyes no se preocupan de los motivos.
 
NORA: Entonces son bien malas las leyes.
 
KROGSTAD: Malas o no... si presento este papel a la justicia, será usted juzgada según ellas.
 
NORA: Lo dudo mucho. ¿No iba a tener una hija el derecho de ahorrar inquietudes y angustias a su anciano padre moribundo? ¿No iba a tener una esposa el derecho de salvar la vida de su marido? Puede que no conozca a fondo las leyes, pero tengo la seguridad de que en alguna parte se consignará que esas
Casa de muñecas  henrik ibsen
cosas son lícitas en determinadas circunstancias. ¿Y usted, que es abogado, no sabe nada de eso? Me parece poco experto como abogado, señor Krogstad.
 
KROGSTAD: Es posible; pero asuntos como los que tratamos reconocerá usted que los entiendo perfectamente. Y ahora, haga usted lo que guste; pero, si yo resulto arruinado por segunda vez, usted me hará compañía. (Saluda y se va). 


 ESCENA XII. 

Nora - Los niños

 
NORA (Reflexiona un momento; después mueve la cabeza): ¡Bah! ¡Pretendía asustarme! Pero no soy tonta. (Empieza a recoger las prendas de los niños, pero se detiene al cabo de un rato). ¡Sin embargo...! ¡No es posible! Habiéndolo hecho por amor...
 
LOS NIÑOS (En la puerta de la izquierda): Mamá, se ha ido ese señor.
 
NORA: Sí, sí, ya lo sé. Pero no hablen a nadie de ese señor. ¿Escucharon? ¡Ni a papá!
 
LOS NIÑOS: No, mamá. ¿Quieres jugar ahora?
 
NORA: No, no, ahora no.
 
LOS NIÑOS: ¡Ah! Lo habías prometido, mamá.
 
NORA: No puedo. Váyanse: estoy muy ocupada. Vayan, lindos niños. (Los acompaña con cariño y cierra la puerta).
 
 

ESCENA XIII

 Nora - Elena.

 
NORA (Se sienta en el sofá, toma un bordado y da algunas puntadas, pero se detiene enseguida): ¡No! (Deja el bordado, se levanta, va a la puerta de entrada y llama). Elena, tráeme el árbol. (Se acerca a la mesa de la izquierda y abre el cajón). ¡No: es completamente imposible!
 
ELENA (Con el árbol de Navidad): ¿Dónde lo pondremos, señora?
 
NORA: Ahí, en el medio.
 
ELENA: ¿Necesita algo más?
 
NORA: No, gracias; tengo lo que necesito. (Elena se va, después de dejar el árbol. Nora empieza a arreglarlo). Aquí hacen falta luces y aquí flores... ¡Infame hombre! ¡Tonterías! Todo eso no significa nada. Debe quedar bonito el árbol de Navidad. Yo quiero hacer todo lo que tú quieras, Torvaldo; bailaré por complacerte, cantaré... (Entra Helmer con un rollo de papeles debajo del brazo).
 
 

ESCENA XIV. 

Nora - Helmer

 
NORA: ¡Ah!... ¿Estás ahí?
 
HELMER: Sí. ¿Ha venido alguien?
 
NORA: ¿Aquí? No.
 
HELMER: ¡Es raro! He visto salir de casa a Krogstad.
 
NORA: ¡Ah! Sí; Krogstad ha estado aquí un momento.
 
HELMER: Lo adivino, ¿ha venido para suplicarte que hables en su favor?
 
NORA: Sí.
 
HELMER: Y que lo hicieras como cosa tuya, ocultándome que había venido. ¿No te ha pedido eso?
 
NORA: Sí, Torvaldo, pero...
 
HELMER: ¡Nora, Nora! ¿Y has podido actuar así? ¿Entablar conversación con semejante persona y hacerle una promesa? ¡Y, para colmo, mentirme!
 
NORA: ¿Mentir?...
 
HELMER: ¿No me has dicho que no había venido nadie? (La amenaza con el dedo). Eso no lo volverá a hacer mi pajarito cantor, ¿verdad? Las aves cantoras deben tener el pico puro y limpio para gorjear bien... sin desafinar. (La coge de la cintura). ¿No es verdad?... Sí, ya lo sabía yo. (La suelta). Y ni una palabra más respecto de este asunto. (Se sienta delante de la chimenea). ¡Qué bien se está aquí! (Hojea los papeles. Nora sigue adornando el árbol. Pausa).
Casa de muñecas  henrik ibsen
NORA: ¡Torvaldo!
 
HELMER: ¿Sí...?
 
NORA: Me alegro muchísimo de poder ir pasado mañana al baile de trajes de los Stenborg.
 
HELMER: Y yo estoy deseando saber qué sorpresa nos preparas.
 
NORA: ¡Oh! ¡Qué tontería!
 
HELMER: ¿Qué?
 
NORA: No encuentro un traje que valga la pena: todo es insignificante y absurdo.
 
HELMER: ¿Ahora sales con eso, Norita?
 
NORA (Detrás de la butaca, apoyando los codos en el respaldo): ¿Tienes mucho que hacer, Torvaldo?
 
HELMER: ¡Sí...!
 
NORA: ¿Qué papeles son ésos?
 
HELMER: Cosas del Banco.
 
NORA: ¿Ya...?
 
HELMER: He conseguido que los directores salientes me den plenos poderes para hacer todos los cambios necesarios en el personal y en la organización de las oficinas, y pienso dedicar la semana de Navidad a ese trabajo, porque quiero que todo quede arreglado para Año Nuevo.
 
NORA: Entonces, ¿es por eso por lo que el pobre Krogstad...?
 
HELMER: ¡Ejem!...
 
NORA (Pasándole la mano por la cabeza): Si no estuvieses tan ocupado, te pediría un favor muy grande.
 
Casa de muñecas  henrik ibsen
HELMER: Veamos. ¿Qué deseas?
 
NORA: No hay quien tenga tanto gusto como tú. ¡Deseo presentarme bien a ese baile!... Torvaldo, ¿no podrías decidir el traje que llevaré?
 
HELMER: ¡Vaya! La testarudita se declara vencida. NORA: Sí, Torvaldo, no puedo decidir nada sin ti.
 
HELMER: Bien, bien, pensaré, idearé algo.
 
NORA: ¡Ah, qué bueno eres! (Vuelve al árbol de Navidad. Pausa). Pero di, ¿es realmente grave lo que ha hecho Krogstad?
 
HELMER: Ha cometido fraudes. ¿Sabes lo que quiere decir eso?
 
NORA: ¿No ha podido ser impulsado por la miseria?
 
HELMER: Sí, se obra muchas veces por ligereza, y no soy tan cruel que condene sin piedad a una persona por un solo hecho de esta índole.
 
NORA: No, ¿verdad, Torvaldo?
 
HELMER: Más de uno puede regenerarse, a condición de confesar su crimen y de sufrir la pena.
 
NORA: ¿La pena?
 
HELMER: Pero Krogstad no ha seguido ese camino. Ha tratado de salir del paso con astucia y habilidades, y eso es lo que lo ha perdido moralmente.
 
NORA: ¿Crees que...?
 
HELMER: Una persona así, con la conciencia de su crimen, tiene que mentir, disimular a todas horas y enmascararse hasta en el seno de la familia, delante de la esposa y de los hijos. Y eso, cuando se piensa en los hijos, es espantoso.
 
NORA: ¿Por qué?
 
HELMER: Porque semejante atmósfera de mentira contagia con principios malsanos a toda la familia. Cada vez que respiran los hijos absorben gérmenes de mal.
 
NORA (Acercándose a él): ¿Es eso cierto?
 
HELMER: He tenido mil ocasiones de comprobarlo como abogado. Casi todas las personas depravadas han tenido madres mentirosas.
 
NORA: ¿Por qué madres, precisamente?
 
HELMER: Se debe a las madres con más frecuencia, aunque el padre, como es natural, haya obrado lo mismo. Todos los abogados lo saben perfectamente. A pesar de eso, Krogstad ha envenenado a sus hijos durante muchos años, con su atmósfera de mentira y de disimulo, y por eso lo creo moralmente perdido. (Le tiende las manos). Y he ahí por qué mi graciosa Norita ha de prometerme no hablar en favor suyo. Prométamelo. Vamos, ¿qué es eso? La mano. Así. Convenido. Te aseguro que me sería imposible trabajar con él, porque semejantes personas me producen gran malestar físico.
 
NORA (Retira la mano y se coloca en la parte opuesta del árbol): ¡Qué calor hay aquí! Y yo que tengo tanto que hacer...
 
HELMER (Levantándose y recogiendo los papeles): Necesito, repasar esto antes de comer. Después pensaré en tu traje. Es posible que tenga que colgar también alguna cosa en el árbol de Navidad, envuelta en papel dorado. (Poniéndole la mano en la cabeza). ¡Oh! Mi lindo pajarito cantor. (Entra en su despacho y cierra la puerta).
 
 

ESCENA XV. 

Nora - Mariana

 
NORA (En voz baja, después de una pausa): ¡No, no hay tal cosa! ¡Es imposible! ¡Tiene que ser imposible!
 
MARIANA (En la parte de la izquierda): Los niños se empeñan en entrar.
 
NORA: No, no, no, no los deje venir aquí. Vaya con ellos.
 
MARIANA: Está bien, señora. (Sale).
 
NORA (Pálida de terror): ¡Depravar a mis niños!... ¡Envenenar el hogar! (Levanta la cabeza). No es cierto. ¡Es falso! ¡No puede ser cierto!
 

Sr. Borges

No hay comentarios:

Publicar un comentario